En Guanajuato 144 encuentras el Archivo Vivo de XMX, desplegado en tiempo real, el universo completo de lo que México ha creado y documentado. Primero en una pantalla.
Lo que viene después, la Sala 1, la Sala 2, la tienda, son apenas una fracción de eso. Pero es una fracción que basta para demostrar la tesis completa.
En la primera sala, el archivo se vuelve físico.
Una muestra de lo que los creadores contemporáneos hacen con las invenciones mexicanas: una escultura comestible de cacao, un agave fotografiado en su proceso de cosecha, una mariposa monarca intervenida en espejo. El criterio nunca cambia aunque la selección rote: autoría verificada, dato demostrable, asombro real.
De ahí, el recorrido continúa en la primera exposición temporal del Espacio XMX, dedicada por completo al maíz.
En 2010, la UNESCO declaró patrimonio cultural de la humanidad a la cocina tradicional mexicana. Una cocina sostenida, desde el México prehispánico, por la trifecta de maíz, frijol y chile. De todas las preparaciones que el mestizaje, el afrancesamiento porfiriano y las migraciones del siglo XX transformaron con el tiempo, solo una se conserva prácticamente igual que hace siglos: la tortilla de maíz. Esa permanencia de la tradición es el punto de partida de la sala. Pero lo que XMX pregunta no es histórico, sino presente: ¿cómo interpretan los artistas mexicanos contemporáneos este cultivo milenario, hoy?
La respuesta no tiene una sola voz. Monserrat Palacios reinterpreta la historia del maíz desde una plástica de raíz siqueriana. Luis Díaz Gordoa, hace eco de esa misma raíz en su geometría infinita. Miguel Ángel Carrera lo trata como material industrial: fibra de maíz recubierta de yeso, convertida en composición escultórica. David y Gabriela, de Conejo Blanco Cerámica, ocupan el centro del espacio con centenares de mazorquitas suspendidas. Y en un políptico colectivo, catorce artistas: Vika Álvarez, Ariadna Arriaga, Ana Jimena Flores, Melissa Gabriela, Salvador Banda, Jorge Cejudo, María Fernanda Leyva, Sara Cardona, Regina Rojas, Cecilia Mancera, Mauricio Martínez, Claudia Méndez, Leticia Barradas, Lucia Mariana Espinosa y Ariel Priego, reflejan, cada uno a su manera, cómo se toma, se come y se siente este cultivo.
Ese contraste es, en sí mismo, el argumento de la sala. El mismo maíz que sostiene una tortilla puede sostener también una pintura siqueriana, una geometría infinita, o una instalación de cerámica suspendida. No hay una sola estética mexicana. Hay tantas como manos dispuestas a interpretarlo.
Y ese es, quizás, el dato menos obvio que XMX documenta: que el arte mexicano contemporáneo no es solo un vehículo para contar el origen de las cosas, es, él mismo, una de esas cosas. Una aportación tan real como la píldora anticonceptiva o los nachos, solo que hecha de material, gesto y mirada en lugar de fórmula o receta.
Basta con volver, un momento, a lo que abrió el recorrido en Sala 1, donde el cacao ceremonial se vuelve, en manos de Jashira Sandoval, una pregunta sobre cómo consumimos. El agave que siempre pintó paisajes verdes se siente distinto visto a través del lente de Emanuel Ruiz Triste. La vainilla, la segunda especia más cara del mundo, vive pintada en madera por Zyanya Zazhil-Ha. Denis Paradis devuelve al barro oaxaqueño la imagen del perro chihuahua. Y la mariposa monarca, símbolo de migración y libertad territorial, se refleja de vuelta hacia quien la mira, gracias a Sofía Castellanos.
La sala del maíz no termina con las obras. Termina con una pausa. A la salida, seis objetos cuelgan de piso a techo, sin vitrina, sin pedestal: un molino de nixtamal, un comal, un metate, un molcajete, un molinillo, una prensa para tortillas. Seis tecnologías que México desarrolló para transformar este mismo cultivo que acabas de recorrer en versión de arte contemporáneo.
El molcajete lleva más de 6,000 años de uso continuo. El comal, 7,000. Ningún otro utensilio de cocina en el mundo tiene ese historial.
Justo después, una instalación de círculos enuncia lo que todo el recorrido anticipó sin decirlo: el maíz es el segundo cultivo más producido del planeta. Lo que viste como estética, como material, como herramienta milenaria, es también esto: una cifra que sostiene al mundo.
El recorrido cierra, con el mural de Jorge Cejudo, que devuelve, a gran escala, la mirada de un solo artista sobre todo lo que la sala acaba de mostrar en múltiples voces. Y da paso a la tienda, donde podrás llevarte un pedazo del archivo vivo.
Guanajuato 144 no es un lugar donde el archivo termina. Es el lugar donde se vuelve tangible, se camina, se mira de cerca. Un espacio físico que demuestra, sala por sala, que el mismo objeto mexicano puede existir al mismo tiempo como dato, como evidencia, como imagen y como arte.
Puedes continuar tu recorrido en Guanajuato 144, Roma Norte, o seguir explorándolo en xmxoficial.com.