El chicle: la resina que sostuvo a Quintana Roo

¿Sabías que durante medio siglo lo que mascaba Estados Unidos sostuvo la economía chiclera de Quintana Roo?

Mucho antes de que existieran los chicles de menta, los mayas ya masticaban la resina del chicozapote, un árbol de la selva del sureste de México.

De la selva a Estados Unidos

A finales del siglo XIX el chicle se puso de moda en Estados Unidos, y empresas estadounidenses voltearon a esa selva. Recibieron concesiones enormes para sacar la resina de Campeche y Quintana Roo.

Los chicleros

El trabajo lo hacían los chicleros. Pasaban meses en la selva y hacían cortes en zigzag en la corteza durante la temporada de lluvias para que escurriera el látex blanco del árbol. Luego lo cocían y lo mandaban en bloques a la costa, a puntos como Cozumel, Puerto Morelos y Vigía Chico.

El auge y la caída

La demanda creció con la Segunda Guerra Mundial, cuando el chicle entró en las raciones de los soldados estadounidenses. En esos años, las exportaciones mexicanas llegaron a unos 11 millones de kilos.

Durante medio siglo, lo que se mascaba en Estados Unidos sostuvo la economía chiclera de Quintana Roo.

A mediados del siglo XX llegaron las gomas sintéticas, más baratas, y la demanda se vino abajo. La extracción sigue hoy, pero a una escala mucho menor.

Un dato curioso

Y aquí viene lo curioso: la palabra chicle viene del náhuatl tzictli. Y casi ningún chicle que compras hoy tiene la resina natural que le dio su nombre.

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Fuentes: Jennifer P. Mathews, Chicle: The Chewing Gum of the Americas (2009). Alejandro Morón Ríos, “El chicle, la botánica y la arqueología en el sur del estado de Campeche”, revista Glifos, INAH.